sábado, 23 de abril de 2011

La tensa espera

Tras la terrible escena del calvario, la creación entera entra en una tensa y extraña espera... ¿qué está por pasar?


The Mountain from Terje Sorgjerd on Vimeo.

viernes, 1 de abril de 2011

Domingo "laetare", IV de cuaresma.

  • Primera lectura: 1S 16, 1b. 6-7. 10-13a “David es ungido rey de Israel”.
  • Salmo 22 “El Señor es mi pastor, nada me falta”.
  • Segunda lectura Ef 5, 8-14 “Levántate de entre los muertos, y Cristo será tu luz”.
  • Evangelio: Jn 9, 1-41 “Fue, se lavó, y volvió con vista”.

Y al pasar, vio Jesús a un hombre ciego de nacimiento. Y sus discípulos le preguntaron:
«Maestro, ¿quién pecó: este o sus padres, para que naciera ciego?». Jesús contestó: «Ni este pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios. Mientras es de día tengo que hacer las obras del que me ha enviado: viene la noche y nadie podrá hacerlas. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo».
Dicho esto, escupió en la tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego, y le dijo: «Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado)». Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban:
«¿No es ese el que se sentaba a pedir?». Unos decían: «El mismo». Otros decían: «No es él, pero se le parece». El respondía: «Soy yo».
Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista. Él les contestó: «Me puso barro en los ojos, me lavé y veo». Algunos de los fariseos comentaban: «Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado». Otros replicaban: «¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?». Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego:
«Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?». Él contestó: «Que es un profeta».
Le replicaron: «Has nacido completamente empecatado, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?». Y lo expulsaron.
Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: «¿Crees tú en el Hijo del hombre?». Él contestó: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?». Jesús le dijo: «Lo estás viendo: el que te está hablando, ese es». Él dijo: «Creo, Señor». Y se postró ante él.

Para situar el Evangelio
Seguimos dejándonos acompañar como los primeros cristianos por unos textos catequéticos. Si los de la Samaritana expresaba lo que significa creer en Jesús y dar testimonio a otros confesando nuestro propio pecado como nuestra fe, compartiendo esa experiencia con otros como buena noticia. El relato del ciego de nacimiento extiende este proceso a una persona que no solo es llamada a creer en Jesús -por el encuentro con Jesús, luz del mundo y Dios hecho hombre- sino a convertirse en discípulo y experimentar la persecución por estar asociado a Jesús.
Hay también una pedagogía de signos: con la samaritana se juega con el signo del agua (que da vida eterna); hoy con el signo de la luz (el que cree y confía en la palabra de Jesús llega a la luz). Hay otros signos que son los actuares de Jesús - prodigios, fuerzas, milagros que Juan los designa “signos” (Jn2,11; Jn4,53) y tienen la función de interpelar a quienes los ven y, sin debilitar su libertad, hacen posible la fe. ¿Qué sucede con el ciego? Un proceso de reconocimiento: 1º “ese hombre que se llama Jesús”; 2º como “profeta”; y 3º como “Señor”: “creo, Señor. Y se postró ante él”. Jesús es la “luz del mundo”. Lo dice, como aquí (Jn 8,12), y lo dice de los discípulos (Mt 5,14). Según como lo recibamos, esta “luz” nos ilumina, como les oscurece a los “fariseos”. Además del tema de la “luz”, tiene importancia la clave de lectura que nos da el diálogo sobre el “pecado”. Jesús afirma que la ceguera no proviene del pecado. No tenemos que leer este texto pensando que el ciego simboliza al pecador y la ceguera al pecado. Más bien la ceguera es la situación previa a haber acogido a Jesús y su Palabra. Y la visión que Jesús da simboliza la fe. Por tanto, lejos de nosotros lo de pensar que un mal es un castigo por pecar.
Que el ciego lo sea “de nacimiento” quiere decir que “ver” -la fe- será algo nuevo, símbolo de una nueva vida: será un nuevo nacimiento (Jn 3,1ss).

Para fijarnos en el Evangelio
Fuera del templo.
La pregunta de los discípulos obedece a que en el judaísmo se pensaba que la desgracia era efecto del pecado, que Dios castigaba en proporción a la gravedad de la culpa; los defectos congénitos se atribuían a las faltas de los padres. Jesús rechaza esto.
Sentido de la ceguera.
Representa a los que se han vivido sometidos a la presión y nunca han vislumbrado lo que significa ser persona (Is 6,9-11). Son otros los culpables de su/la ceguera. Contrasta con la ceguera de los fariseos que poseyendo la luz basada en el conocimiento de la ley, siempre se han sentido poseedores de la luz por la ley... Jesús dice que el pecado no es ser ciego, sino serlo voluntariamente, rechazando la evidencia, como lo han hecho ellos; además imponen su mentira como verdad (cfr Is 5,20): “¡Ay, los que llaman al mal bien, y al bien mal; que dan oscuridad por luz, y luz por oscuridad...!”. Doble mala fe. Ejercen la opresión con plena conciencia de lo que hacen y se obstinan en su mentira.
Los discípulos han de asociarse a la actividad de Jesús y librar a la persona de su impotencia, dando capacidad de acción... De la injusticia puede surgir la indignación, el urgirnos a la acción... aprovechar la oportunidad y ser luz -como Jesús, “luz del mundo”- emprender una misión que libera (Is 43,6ss; 49,6ss).
“Escupió... hizo barro...” Jesús pasa a la acción y pone ante los ojos el proyecto de Dios sobre el hombre. Jesús crea el hombre nuevo (Gn 2,7; Job 10,9; Is 64,7), compuesto de tierra/carne y saliba/espíritu de Jesús; le pone ante sus ojos su propia humanidad, la del Hombre-Dios, proyecto de divino realizado -untar-ungir- en referencia al Mesías -el ungido- lo invita a ser hombre acabado, ungido e hijo de Dios por el Espíritu.
La decisión de obtener la vista queda en la libertad del ciego de ir o no ir. Ha visto la luz gracias a su acción-opción de ir, no por ninguna enseñanza. La vista adquirida le permitirá distinguir los verdaderos valores de los falsos (es la experiencia de liberación Is 29,18ss; 35,5.10; 42,6ss).
La gente ve que el que no se movía alguien le ha movilizado... las dudas sobre su identidad pone de manifiesto al transformación habida en uno... El interés por el hecho, por la figura de Jesús suscita una esperanza...
Aparecen los fariseos, no les interesa el hecho ni se alegran por él, quieren saber el como, para saber si ha habido infracción de la ley. Aparecen división de opiniones: la ley o el valor del signo (manifestación del poder de Dios). El ciego confiesa a Jesús como profeta, su actividad es de Dios.
Fariseos y dirigentes... se refugian en el escepticismo e incredulidad ya que si aceptan el hecho se derrumba su sistema teológico. Interrogatorio a los padres, que sienten miedo, cuentan el hecho... pero el hijo no tiene miedo y hay una presión sobre el pueblo para evitar la adhesión a Jesús.
No se puede negar el hecho recurren a su autoridad doctrinal (el actuar de Jesús es contraria a Dios=pecador). El ciego no se mete en cuestiones teóricas-teológicas, y opone el hecho a la teoría. Se niega a someterse-callarse, contraataca -¿queréis haceros discípulos suyos?- en lo sensible y les hace decantarse: se quedan en el pasado, optan por la ley sin amor... no quieren leer la realidad donde se manifiesta el amor de Dios (la miran desde su ideología). El ciego se convierte en militante y ridiculiza el argumento de los dirigentes... y ante eso surge la coacción moral y la violencia (lo echan fuera). El que ha tenido experiencia de liberación es un obstáculo para su dominación.
Jesús no abandona al que ha sido fiel... le pregunta si mantiene su adhesión al ideal de persona que ha visto (ya está aquí, delante de él). Jesús se revela a él. Expulsado de la institución judía, encuentra en Jesús el nuevo santuario, donde brilla la gloria-amor de Dios Padre: “se postró”, es un adorador de los que el Padre busca.
No es misión de Jesús juzgar a la humanidad, pero su presencia y actividad denuncian el modo de obrar del orden opresor y abren un proceso contra él: quienes estén por la liberación y la vida se pondrán de parte de Jesús. Y así, los que nunca han podido conocer, como el ciego, experimentarán la acción amor de Dios, y conocerán. Los que podían conocer, pero engañaban con su doctrina, al rechazar a Jesús perderán para siempre la luz de la vida.

jueves, 24 de marzo de 2011

Cuaresma, tercer domingo

  • Primera lectura Éx 17, 3-7 “Danos agua de beber”.
  • Salmo 94 “Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: ‘No endurezcáis vuestro corazón’”.
  • Segunda lectura Rm 5, 1-2. 5-8 “El amor de Dios ha sido derramado en nosotros con el Espíritu que se nos ha dado”.
  • Evangelio Jn 4, 5-42 “Un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna”.
Llegó Jesús a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al pozo. Era hacia la hora sexta. Llega una mujer de Samaría a sacar agua, y Jesús le dice: «Dame de beber». Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida. La samaritana le dice: «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?» (porque los judíos no se tratan con los samaritanos). Jesús le contestó: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice “dame de beber”, le pedirías tú, y él te daría agua viva». La mujer le dice: «Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?». Jesús le contestó: «El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna». La mujer le dice: «Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla. Señor, veo que tú eres un profeta.
Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén». Jesús le dice: «Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que lo adoren así. Dios es espíritu, y los que adoran deben hacerlo en espíritu y verdad». La mujer le dice: «Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo». Jesús le dice: «Soy yo, el que habla contigo».
En aquel pueblo muchos samaritanos creyeron en él por el testimonio que había dado la mujer. Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía
creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer: «Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo».

viernes, 11 de marzo de 2011

Las tentaciones, primero domingo de cuaresma.

I Domingo de Cuaresma AÑO A Mt 4, 1-11
  • Primera lectura: Gn 2, 7-9; 3, 1-7 “Creación y pecado de los primeros padres”.
  • Salmo 50 “Misericordia, Señor, hemos pecado”.
  • Segunda lectura Rm 5, 12-19 “Si creció el pecado, más abundante fue la gracia”.
  • Evangelio Mt 4, 1-11 “Jesús ayuna cuarenta días y es tentado”:
Entonces Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre. El tentador se le acercó y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes». Pero él le contestó: «Está escrito: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”». Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en el alero del templo y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: “Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras”». Jesús le dijo: «También está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”». De nuevo el diablo lo llevó a un monte altísimo y le mostró los reinos del mundo y su gloria, y le dijo: «Todo esto te daré, si te postras y me adoras». Entonces le dijo Jesús: «Vete, Satanás, porque está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”». Entonces lo dejó el diablo, y he aquí que se acercaron los ángeles y lo servían.
Para situar este evangelio y este tiempo de cuaresma
Si adviento es tiempo de cultivar la esperanza, la cuaresma es el tiempo de cultivar y afianzar la fe. Las lecturas que se ofrecen son como una catequesis para afianzar nuestro ser cristianos: “todos los que hemos sido bautizados en Cristo vivimos ahora por el poder del Espíritu Santo con Jesús para gloria de Dios Padre”. El primer domingo nos presenta a Jesús en el desierto, llevado allí por el poder del Espíritu para ser tentado y puesto a prueba por Satanás. Es un tiempo para que seamos vistos y conocidos por lo que somos y lo que pretendemos ser: hijos e hijas de Dios. Con las tentaciones, se nos quiere hablar como entender el mesianismo de Jesús... Mateo hace intervenir al Espíritu que es quien guía a Jesús y le lleva al desierto.

Para fijarnos en el Evangelio
Algunas notas sobre algunos términos:
- El “desierto”, en la Biblia, es una zona con poca vegetación, poco habitada y con animales peligrosos. Allí viven los desterrados y perseguidos (Gn 21, 14; 1Mac 2, 29s) y el diablo y los malos espíritus (Mt 12, 43). Es también lugar de prueba, de corrección, de reflexión y de diálogo-encuentro con Dios, como se puede ver en esta escena del desierto de Jesús (así como también a Dt 8, 2-6).
- Los términos “diablo” y “Satanás” significaban originariamente “adversario” y “acusador” o fiscal en un juicio. El Antiguo Testamento imagina que a la corte celestial hay un “acusador” que presenta a Dios las infidelidades de los hombres (Za 3, 1-5; Job 1, 6.9) y que ejerce al mismo tiempo el papel de "tentador” (1Cr 21, 1). Después pasa a designar la personificación de las fuerzas del mal y la sabiduría la
identifica con la serpiente del Edén (Gn 3, 15; Sabiduría 2, 24).
- La cifra “cuarenta” en la Biblia equivale a un periodo de tiempo largo (en este sentido, estos cuarenta días podrían hacer referencia a toda la misión de Jesús). Tiempo que puede ser de opresión, de seducción, de camino hacia la libertad, de crisis. Puede hacer alusión a la estancia de Moisés en la montaña (Ex 34, 28), al camino que recorrió Elías por llegar a la montaña de Dios (1Re 19, 8) y a los cuarenta años de peregrinaje de Israel por el desierto (Num 14, 34). También fueron cuarenta los días del Diluvio (Gn 7, 17). El ministerio de Jesús es camino que pasa por la prueba y va a la Pascua.
- Hay otros elementos del Antiguo Testamento que Mateo hace resonar en esta página: el “templo”, la “montaña” y los “ángeles”. El evangelista pone así en relación Jesús y su misión con la historia del pueblo de Israel que experimenta las dificultades del camino por el desierto, las dificultades de hacerse responsable del don de la libertad, la tentación de romper la Alianza y de ir a lo suyo, adorando a otros dioses.
En la escena anterior (Mt 3, 16-17), Mateo nos acaba de decir que “el Espíritu de Dios... posarse encima de Jesús” y que el Padre proclamaba que Jesús es “el Hijo, el estimado”. Ahora el evangelista nos dice que el mismo “Espíritu conduce Jesús al desierto” con una finalidad muy concreta: “para que el diablo lo tentara”. “El Espíritu” es quien conduce toda la vida y misión de Jesús, de principio a final (Mt 12, 18ss). Como toda vida humana, la de Jesús está marcada por la prueba (la tentación), la tarea de decidir en cada momento entre decir sí o decir no a Dios, que invita todos sus hijos y hijas a vivir en libertad su camino. El relato de las tentaciones describe de forma gráfica toda la lucha que Jesús tuvo que mantener por ser fiel a la voluntad del Padre.
La primera de las tentaciones es la de vivir y actuar según una idea no-humana del que es ser “Hijo de Dios”. Jesús expresa (citando Dt 8, 3) cómo lo vive Él: ser Hijo es hacer la voluntad del Padre. Y el que el Padre quiere es que Jesús haga el camino de los hombres y mujeres que se tienen que ganar el pan con el trabajo. Una voluntad que Jesús encuentra expresada en la Palabra, verdadero alimento para los hijos e hijas de Dios.
La segunda tentación -en boca del diablo que manipula palabras bíblicas (Sal 91, 11-12)-consiste en exigir de Dios una señal espectacular. Tentación de toda persona religiosa que duda de si Dios es o no es. Jesús responde con la referencia a la escritura (Dt 6, 16), afirmando que Dios no puede ser utilizado ni manipulado. Su presencia es un don totalmente gratuito que se manifiesta sobre todo en la pobreza. “Los ángeles” no le ahorrarán a Jesús ningún sufrimiento sino que, “sirviéndolo”, aparecen como signo de la fidelidad de Jesús en el servicio a los más pobres.
La tercera tentación pasa por ponerse por encima de todo y a consta de lo que sea. Esto es dar al diablo la adoración que tan sólo Dios merece. Dios, por su parte, enviando su Hijo hecho hombre, se ha puesto por debajo, al servicio de toda la creación y de todos los hombres y mujeres. Este Dios que se abaja es el que Jesús adora todo citando, una vez más, la Escritura (Dt 6, 13). Se pone en boca de Jesús una respuesta desde la escritura... la cita expresamente. Jesús lee la Escritura teniendo como criterio de fidelidad y comunión con Dios... no la manipulación o instrumentalización de la escritura (típica de juristas y moralistas).