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miércoles, 1 de abril de 2015

Convivencia Pre-pascua

El último fin de semana de marzo del presente 2015 los jóvenes de los grupos parroquiales "Jaris" de Trigueros estuvieron de convivencia en la sierra, en Fuenteheridos preparando la Pascua que celebramos estos días. Es un encuentro que tradicionalmente se ha venido realizando para profundizar en los misterios de nuestra fe y provocar una convivencia más cercana e intensa entre los miembros de los distintos grupos, incluso en ocasiones han participado jóvenes de otras parroquias. El último día tuvimos la oportunidad de hacer uno de los fantásticos senderos que hay en nuestra sierra onubense.
Aquí algunas fotos del evento:







viernes, 6 de mayo de 2011

Amenazados de resurrección

Dicen que estoy "amenazado de muerte"... Tal vez. Sea ello lo que fuera estoy tranquilo. Porque si me matan, no me quitarán la vida, Me la llevaré conmigo, colgando sobre el hombro, como un morral de pastor...
A quien se mata se le puede quitar todo previamente, tal como se usa hoy, dicen: los dedos de la mano, la lengua, la cabeza... Se le puede quemar el cuerpo con cigarrillos, se le puede aserrar, partir, destrozar, hacer picadillo... Todo se le puede hacer, y quienes me lean se conmoverán profundamente, y con razón. Yo no me conmuevo gran cosa, porque, desde niño, alguien sopló a mis oídos una verdad inconmovible que es, al mismo tiempo, una invitación a la eternidad: "No temáis a los que pueden matar el cuerpo, pero no pueden quitar la vida".
La vida -la verdadera vida- se ha fortalecido en mí cuando, a través de Pierre Teilhard de Chardín, aprendí a leer el Evangelio: el proceso de la Resurrección empieza por la primera arruga que nos sale en la cara; con la primera mancha de vejez que aparece en nuestras manos; con la primera cana que sorprendemos en nuestra cabeza un día cualquiera, peinándonos; con el primer suspiro de nostalgia por un mundo que se deslíe y se aleja, de pronto, frente a nuestros ojos... Así empieza la resurrección. Así empieza no eso tan incierto que algunos llaman "la otra vida", pero que en realidad no es la "otra vida", sino la vida "otra"...
Dicen que estoy amenazado a muerte... De muerte corporal a la que amó Francisco. ¿Quién no está "amenazado de muerte?" lo estamos todos desde que nacemos. Porque nacer es un poco sepultarse también...
Amenazado de muerte. ¿Y qué? Si así fuere, los perdono anticipadamente. Que mi cruz sea una perfecta geometría de amor, desde la que puedas seguir amando, hablando, escribiendo y haciendo sonreír, de vez en cuando, a todos mis hermanos los hombres.
Que estoy amenazado de muerte... Hay en la advertencia un error conceptual. Ni yo ni nadie estamos amenazados de muerte. Estamos amenazados de vida, amenazados de esperanza, amenazados de amor... Estamos equivocados. Los cristianos no estamos amenazados de muerte. Estamos "amenazados" de resurrección. Porque además del Camino y de la Verdad, es el de la Vida, aunque esté crucificada en la cumbre del basurero del Mundo...

J.C. Un periodista guatemalteco amenazado de muerte.

sábado, 30 de abril de 2011

No seas incrédulo, Cristo ha resucitado

  • Primera lectura: Hch 2, 42-47 “Los creyentes vivían todos unidos y lo tenían todo en común”.
  • Salmo 117 “Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia”.
  • Segunda lectura 1P 1, 3-9 “Por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva”.
  • Evangelio Jn 20, 19-31 “A los ocho días, llegó Jesús”.

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros». Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo». A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros». Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente». Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!». Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto».
Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

Para situar este evangelio.
En el segundo domingo de pascua se lee siempre este evangelio. De ahí su importancia y significatividad. Juan concibe la obra de Jesús como la creación de una nueva humanidad y un mundo nuevo. Pero hay como dos tentaciones: Mirar a tras y vivir del recuerdo, donde nos quedaríamos con el sepulcro vacío, no hay nada. O quedarnos refugiados en nuestro interior, en espiritualidades que se auto-realimentan sin salir, sin experimentar la necesidad de salir, de ser testigo porque el resucitado lo encontraremos en lo cotidiano, en la vida. ¿Nos suena esto a los militantes con cierto recorrido o cristianos que estamos de vuelta?
Nueva creación, el primer día de la semana... la resurrección y la Eucaristía están unidas. En la “cena del Señor” se nos muestra como el don gratuito del Señor Resucitado que nos sale al encuentro -Emaús- nos invita a su mesa, nos despierta el entendimiento, nos abre los ojos del corazón y nos invita a su comunión. La eucaristía es una forma permanente de la aparición pascual. El domingo, el primer día de la semana, los cristianos nos reunimos... “se encuentran y son encontrados”. Según los relatos, no es Jesús quien reúne a sus discípulos sino que la aparición del Señor se produce estando ellos reunidos previamente. Por miedo o por fidelidad a las experiencias de comida comunitarias tenidas con Jesús aquellos primeros discípulos se reunían. Se convierte así en signo de la nueva presencia del resucitado.

Para fijarnos en el Evangelio
Los discípulos están reunidos en un mismo lugar. Una manera de decir que son comunidad eclesial. También el “domingo” es expresión del mismo -las dos apariciones se producen en domingo-: es el día en qué nos reunimos como Iglesia para celebrar que el Resucitado esta en medio de nosotros.
En el evangelista Juan encontramos, otras veces, que los seguidores de Jesús tenían “miedo de los judíos”: en el relato del ciego de nacimiento (Jn 9, 22). Miedo, cuando los discípulos ven a Jesús caminar sobre el mar de Galilea; cuando se busca a Jesús, nadie hablaba de él en público por miedo a los judíos; José de Arimatea es discípulo de Jesús aunque oculto por miedo a los judíos. Los discípulos también andaban con miedo (trataban de disuadir a Jesús de no ir a Betania-Judea), aunque Tomás estaba resuelto a correr el mismo riesgo (“vamos también nosotros y muramos con él” -Jn 11, 8.16). Ahora Jesús ha muerto y los suyos tienen miedo, algunos se ponen a salvo, huyeron a Galilea, otros se refugian en casa.
Hace falta tener bien presente que en el evangelio de Juan la expresión “los judíos” no tiene un sentido étnico, no designa el pueblo de Israel como tal, sino que toma un sentido religioso y se refiere concretamente a los dirigentes religiosos del pueblo. En el momento que estamos viviendo, conviene ser delicados con denominaciones como esta. También va bien saber que la comunidad a la que va destinado el evangelio de Juan había vivido la dura experiencia que, a partir del año 70 DC, el judaísmo fue dominado por los fariseos, que provocaron una ruptura total con los cristianos: habían acordado expulsar de la sinagoga todo el mundo quien confesara que Jesús era el Mesías (Jn 9, 22). Pese al “cierre”, el Resucitado toma la iniciativa y se hace presente en medio de los discípulos.
En esta iniciativa, Jesús da “la paz”, su paz, la que el mundo no da, tal y como lo había anunciado. Una paz que es cumplimiento de la promesa de la cena: “la paz os dejo...” (Jn 14, 27; cf Is 52, 7; 60, 57; 66, 12). Tenían motivos para sentirse atenazados por el miedo (Jn 15, 18-20: “si el mundo os odia”); pero no deben acobardarse (Jn16, 33: “tener valor, yo he venido al mundo”). El miedo se evapora con el saludo de la paz pascual (Jn 20, 20: “se llenaron de alegría”). Las dudas sobre el resucitado se desvanecen con la identificación corporal: “les enseñó las manos y el costado”. Mostrar “las manos y el costado”, que son los lugares con las marcas de la muerte en cruz, es una manera de incidir en que el Resucitado es el mismo que fue Crucificado. La expresión “como el Padre” o, en otros lugares, “tal y como yo os lo he hecho” (Jn 13, 15) indica como tiene que ser la vida del discípulo: dejarse modelar según Jesús, como Él se ha dejado modelar por el Padre. Aquello que define Jesús es la misión, el ser “enviado”. También sus discípulos, y la Iglesia como tal, serán definidos por la misión que Él les da: “Tal y como tú me has enviado al mundo, yo también se los he enviado” (Jn 17, 18). La Iglesia reunida, la paz, la misión... todo arranca de la Pascua. Será el don del Espíritu quien lo active. El soplo de Jesús sobre los discípulos expresa que su resurrección abre el paso a una creación nueva: “Entonces el Señor-Dios modeló al hombre con barro de la tierra. Le infundió el aliento de vida, y el hombre se convirtió en un ser vivo” (Gn 2, 7). Jesús había rogado el Padre que diera “un Defensor a los discípulos” (Jn 14, 16), es decir, quien pueda ser invocado para auxiliar, acompañar y ayudar, pero también para aconsejar y consolar, y para interceder. Es el Espíritu Santo. Con él llegan el recuerdo y el conocimiento (Jn 14, 26) que marcan el comienzo de la fe (Jn 7, 39). El Espíritu es, en Juan, un maestro que ilumina. Y es quien da al creyendo su identidad propia de testigo de Jesús (Jn 15, 26-27). Podríamos decir que el Espíritu es el verdadero autor del Evangelio, porque de él viene el recuerdo de aquello que Jesús hizo y dijo, y la comprensión de este recuerdo. Las palabras de Jesús sobre el perdón nos recuerdan las que recoge Mateo dirigidas a Pedro (Mt 16, 19) y a toda la comunidad (Mt 18, 18). Palabras en las que “atar y desatar” significa excluir o admitir en la comunidad. El Resucitado deja este don precioso y tan delicado en manos de la propia comunidad de los discípulos, portadora para el mundo de la vida nueva. Una gran responsabilidad.
Tomás, era del grupo de los doce, Jesús se somete a lo exigido por Tomás. Su “Señor mío y Dios mío” ha quedado en la tradición cristiana como profesión de fe emblemática; es el reconocimiento de Jesús como Hijo de Dios. Y como colofón, la última bienaventuranza: “dichosos los que crean sin haber visto” (Jn 20, 29). Así, en la figura de Tomás encontramos el retrato de todo discípulo de Jesús que debe hacer su propio proceso antes de poder decir “he visto el Señor”, como dicen ya los otros compañeros suyos, o como dirá él mismo más adelante: “¡Señor mío y Dios mío!”. Tomás, no se resiste a creer sino que hace preguntas, pide ayuda, necesita signos, como aquel hombre que era ciego (Jn 9, 35-48).
La bienaventuranza dirigida por el Resucitado a los creyentes que no hemos conocido Jesús histórico, da sentido al evangelio y al hecho de evangelizar: “dar testigo a quienes no han visto a Jesús para que puedan abrirse a la fe”. Quienes reciben el evangelio -buena noticia- son “felices” porque la fe les permite “ver” lo que antes nunca habían visto.
Este es “el ver-juzgar” de la Revisión de Vida, que lleva al “Actuar”, es decir, a la Vida Nueva. La finalidad de la evangelización es que quienes no conocen Jesús sean “felices” conociéndolo, sean “felices” con la fe. Los signos no son la fe, sino son para gloria de Dios e influyen en la génesis de la fe (Jn 2, 11: “creció la fe de sus discípulos”; Jn 4, 63: “creyó el padre y su familia”; Jn 9, 38: “el ciego cree”; Jn 11, 45: “muchos creyeron”).
¿Qué es entonces la fe? Arriesgándonos, podemos decir que la fe es un acto abierto, plural... donde hay anuncio del mensaje, testimonio de otros creyentes, gracia de Dios y libre decisión personal. Lo que cuenta no es ver, sino creer; de la fe nace la nueva vida.

Más aquí.

domingo, 4 de abril de 2010

Feliz Pascua, feliz resurrección.

Era de noche y el mundo se encontraba en sombras. Mientras las estrellas giran vertiginosamente alrededor, en lo alto de un monte, en medio de la oscuridad tachonada de incontables destellos como de diamante, un niño mira hacia arriba sobrecogido. ¡Es tanta la inmensidad de ese cielo inabarcable! Le parece sentir un pálpito de eternidad contenida, cómo si Alguien lo observara, benevolente, desde un infinito que no acaba de aprehender. Un estremecimiento recorre su cuerpo, por un instante, siente la transcendencia y el corazón le golpea, gozoso, en el pecho. La respiración se entrecorta... Por un sólo momento todo está claro, todo tiene sentido. Ahí está, ¿cómo pueden no verlo, no sentirlo?
"...de madrugada, las mujeres fueron al sepulcro llevando aromas que habían preparado. Encontraron corrida la piedra del sepulcro. Y entrando no encontraron el cuerpo del Señor Jesús" (Lc 24, 1-3)
Tal vez ellas, por un instante percibieron lo mismo, el mismo estremecimiento, el mismo pálpito de lo eterno, la sensación de que todo estaba claro. Tal vez.
Feliz Pascua, feliz resurrección.



sábado, 16 de mayo de 2009

Sexto Domingo de Pascua

Hechos 10, 25-27.34-35.44-48
1 Juan 4,7-10
Juan 15,9-17


Las lecturas de este domingo nos hablan de amor. Si queremos comprender quién es Dios, no necesitamos hundirnos en explicaciones filosóficas ni metafísicas, Juan, en la segunda lectura, lo tiene claro: "Dios es amor". Y el amor consiste en que Dios se nos ha dado en Cristo, se nos ha comunicado y ha establecido, por su cuenta, una relación de amor con la humanidad. Estamos convocados al amor ya que el amor viene de Dios y actualiza lo divino que hay en nosotros.
Este amor ofrecido y aceptado es universal como recoge la primera lectura, no hay acepción de personas por ninguna circunstancia, cosa que no siempre entendemos a la primera, tampoco a los primeros discípulos les resultó fácil comprender este extremo.
En el Evangelio, encontraremos más claramente cuál es el tipo de amor que viene de Dios, Jesús es el modelo a seguir, en el amor entre el Padre y el Hijo está la clave de cómo podemos y somos invitados a amar nosotros. Fidelidad, obediencia, seguimiento, entrega y donación de sí mismo. "Nadie tiene amor más grande que  el que da la vida por sus amigos", y esto hecho libremente, aceptado desde la total lucidez de la conciencia. No hay lugar para el amor egoísta que pone al otro, a los otros, al servicio del propio bienestar. Este amar siguiendo el modelo de Jesús sólo es posible en comunión con él, de alguna manera la existencia cristiana se puede definir como un misterio de comunión con Cristo, como un misterio de amor que se desvela y explicita progresivamente en la historia cotidiana y que arranca en el corazón del Padre.
Feliz domingo.

miércoles, 13 de mayo de 2009

Mes de María

Hete aquí que el vídeo de ayer es la segunda parte, una especie de secuela más bien, de este otro. Disfrútalo, estamos en mayo, el mes de María y el jueves empezamos el tríduo de la Virgen de Fátima. El jueves siguiente, otro en la veneración de la advocación del Rocío. María por todas partes y en todos los corazones de Trigueros.


sábado, 9 de mayo de 2009

Quinto domingo de pascua


Hechos 9,26-31
1 Juan 3,18-24
Juan 15,1-8


El mensaje central de la palabra de Dios de este domingo se encierra en la imagen joánica de la vid y los sarmientos. Esta alegoría evangélica, que evoca el símbolo bíblico de Israel como viña de Yahvéh, expresa el misterio de la Iglesia y de todo creyente. Cada discípulo cristiano será un sarmiento vivo y fructífero, solamente si vive adherido existencialmente por la fe y el amor a Cristo, “vid verdadera”. Para Juan la vida cristiana se define como un “permanecer” en Cristo. Esta es la condición fundamental y necesaria para que la fe tenga sentido y pueda dar frutos.


sábado, 25 de abril de 2009

Tercer domingo de Pascua.

Durante la pascua escucharemos diferentes relatos de encuentro de los discípulos con el Resucitado. Este domingo será Lucas el evangelista que nos presentará uno de esos encuentros. Os ofrezco el comentario de debarim como cada semana.

"El evangelio (Lc 24, 35-48) relata otro encuentro del Señor resucitado con los discípulos. En el texto se pueden resaltar tres elementos fundamentales: (1) La iniciativa de Jesús: “estaban comentando lo sucedido, cuando el mismo Jesús se presentó en medio de ellos” (v. 36). Después de la resurrección el Señor se hace presente en la comunidad y comunica a los suyos la paz, el saludo pascual por excelencia, que hecha fuera el temor y comunica el gozo de la nueva vida. (2) La reacción de los discípulos: “espantados y llenos de miedo, creían ver un fantasma” (v. 37). La resurrección de Jesús es un misterio de fe, que no es verificable con medios humanos ni objeto de experiencia sensible. Por eso los discípulos no pueden reconocerlo de inmediato. En este texto, sin embargo, se insiste en el “realismo” del evento. Se habla de mirar, tocar, comer con Jesús, etc. De esta forma se insiste en que la resurrección, a pesar de ser un evento escatológico que realiza la plenitud de la historia y la rebasa, ha ocurrido en el corazón mismo de la historia. Jesús resucitado es Jesús de Nazaret. Ciertamente su condición existencial es diversa, ahora vive glorificado sin estar sujeto a las limitaciones del espacio y del tiempo, pero no es un fantasma y no vive separado de la comunidad. Es posible descubrir en la vida cotidiana y en la historia del mundo los signos vivificantes de su pascua. (3) La misión de la comunidad: “ustedes son testigos de estas cosas” (v. 48). En este relato se describe la raíz de la misión de la Iglesia: el encuentro con el Resucitado y la comprensión de las Escrituras (v. 45). Jesús les explica con las Escrituras que su muerte, su resurrección y la predicación de la conversión y el perdón de los pecados en su nombre formaban parte del plan de Dios. Nos deja así un modelo de lectura e interpretación bíblica, que deberá acompañar siempre a la Iglesia en su misión evangelizadora: iluminar la vida con la Biblia y con su ayuda descubrir los caminos de Dios en la historia. De todo esto Jesús los nombra sus “testigos” (v. 48).

Con la resurrección de Jesús el mundo es recreado y el camino de todo hombre comienza de nuevo. Vivir y anunciar esta novedad radical es la misión de la comunidad eclesial, que vive del amor y de la presencia del Señor en medio de ella".

viernes, 24 de abril de 2009

Pre-pascua

La convivencia de pre-pascua de los jóvenes del grupo "Jaris" de Trigueros y de los grupos de Granada. Un vídeo de la explicación de una de las actividades, para que se vea el ambiente.


domingo, 19 de abril de 2009

Segundo Domingo de Pascua

De este segundo domingo de Pascua, quiero fijarme especialmente en el comentario al evangelio. Ese episodio que hace "famoso" a Tomás de forma que se convierte en una figura incluso literaria de todos los tiempos. De nuevo tomamos como referencia la aportación de Debarim:

El evangelio (Jn 20,19-31) nos presenta la Resurrección de Jesús en términos de "encuentro con el Resucitado", para mostrar cómo los primeros testigos de la pascua llegaron a la fe y cómo podemos llegar también nosotros a creer. La composición del texto es muy sencilla: tiene 2 partes (vv. 19-23 y vv. 26-27) unidas por la explicación de los vv. 24-25 sobre la ausencia de Tomás. Las dos partes inician con la misma indicación sobre los discípulos reunidos y en ambas Jesús se presenta con el saludo de la paz (vv. 19.26).

En la primera parte del texto, en el bloque compuesto por los vv. 19-23, se nos da una indicación temporal (es el primer día de la semana) y una indicación espacial (las puertas del lugar están cerradas). La referencia al primer día de la semana, es decir, el día siguiente al sábado (el domingo) evoca las celebraciones dominicales de la comunidad primitiva y nuestra propia experiencia pascual que se renueva cada domingo.

La indicación de las puertas cerradas quiere recordar el miedo de los discípulos que todavía no creen, y al mismo tiempo quiere ser un testimonio de la nueva condición corporal de Jesús que se hará presente en el lugar. Jesús atravesará ambas barreras: las puertas exteriores cerradas y el miedo interior de los discípulos.A pesar de todo, están juntos, reunidos, lo que parece ser en la narración una condición necesaria para el encuentro con el Resucitado; de hecho Tomás sólo podrá llegar a la fe cuando está con el resto del grupo.

Jesús "se presentó en medio de ellos" (v.19). El texto habla de "resurrección" como venida del Señor. Cristo Resucitado no se va, sino que viene de forma nueva y plena a los suyos (cf. Jn 14,28: "me voy y volveré a vosotros"; Jn 16,16-17) y les comunica cuatro dones fundamentales: la Paz, el gozo, la misión, y el Espíritu Santo. Los dones pascuales por excelencia son la paz (el shalom bíblico) y el gozo (la járis bíblica), que no son dados para el goce egoísta y exclusivo, sino para que se traduzcan en misión universal. La misión que el Hijo ha recibido del Padre ahora se vuelve misión de la Iglesia: el perdón de los pecados y la destrucción de las fuerzas del mal que oprimen al hombre. Para esto Jesús dona el Espíritu a los discípulos. En el texto, en efecto, sobresale el tema de la nueva creación: Jesús "sopló sobre ellos", como Yahvé cuando creó al hombre en Gen 2,7.

Con el don del Espíritu el Señor Resucitado inicia un mundo nuevo, y con el envío de los discípulos se inaugura un nuevo Israel que cree en Cristo y testimonia la verdad de la resurrección. Como "hombres nuevos", llenos del aliento del Espíritu en virtud de la resurrección de Jesús, deberán continuar la misión del "Cordero que quita el pecado del mundo": la misión de la Iglesia que continúa la obra de Cristo realiza la renovación de la humanidad como en una nueva obra creadora en virtud del poder vivificante del Resucitado.



En la segunda parte del texto, en el bloque compuesto por los vv. 26-27, se nos narra una experiencia similar vivida ocho días después. La primera vez Tomás, uno de los discípulos, no estaba presente y no cree en el testimonio de los otros que han visto al Señor (vv. 23-25). Tomás incrédulo representa al hombre de todos los tiempos, que exige pruebas, que sólo cree a través de los milagros. Quiere identificar a Jesús con las huellas de la cruz. Ocho días después otra vez están todos, incluido Tomás, y Jesús "viene" (v. 26). Es significativo el hecho que el relato utilice el verbo "venir" en presente y no en pasado: es una manera de decir que aquella experiencia se repite una y otra vez en la vida de la Iglesia.

Jesús le reprocha a Tomás el no haber creído al testimonio de los otros discípulos, y lo invita a dejar de ser apistós (no-creyente) y llegar a ser pistós (creyente). El testimonio de los otros tendría que haber sido suficiente para que creyera. Es una llamada de atención para cuantos en el futuro llegarán a creer, siempre a través de la palabra, la mediación y el testimonio apostólico de los que "vieron" a Jesús. A Tomás no se le revela en particular sino en medio de la comunidad; allí - y no en otro sitio - podrá Tomás ver al Señor y profesar su fe. Después de haber visto como los otros, Tomás cree y su profesión de fe es plena: "Señor mío y Dios mío" (cf. Sal 35,23).

El texto concluye con unas palabras de Jesús que originalmente eran la conclusión del evangelio de Juan antes de que le fuera añadido el capítulo 21: "Dichosos los que han creído sin haber visto" (Jn 20,29). La fe pascual en el futuro estará siempre fundamentada en el testimonio de aquellos primeros discípulos que "vieron" a Jesús y han dado testimonio de ello. Esta es la verdadera fe pascual: "todavía no lo han visto, pero lo aman; sin verlo creen en él y se alegran con un gozo indescriptible y radiante, así recibirán la salvación, que es la meta de su fe" (1 Pe 1,8).